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Las personas que conforman una democracia ideal

Fecha de Publicación Escrito por MCxVBC

LA DEMOCRACIA ¿UNA UTOPÍA?
Capítulo 2.2 Características de la democracia ideal

Las personas que conforman una democracia ideal

Los ciudadanos de nuestra democracia ideal, sin duda, no son gente corriente. En ellos podemos apreciar las siguientes cualidades:

8. Voluntad de gobernarse de forma democrática.
9. Respeto por los demás.
10. Capacidad para gobernar.
11. Educación para la democracia.

Veámoslas una a una:

 

8. Voluntad de gobernarse de forma democrática.

Esto es de Perogrullo, pero es tan importante que hay que mencionarlo: un requisito imprescindible para que haya democracia es que el pueblo quiera democracia.

Y eso no es tan fácil, porque la democracia, como ya hemos visto, exige sacrificios, y hay que estar dispuestos a hacerlos.

Primero, para todos, el sacrificio de esforzarse por cumplir las obligaciones de cada uno de forma responsable.

Y segundo, para algunos, el sacrificio de renunciar a un poder (y con ello a sus beneficios) que podrían disfrutar utilizando la fuerza.
En nuestro cuento, los chicos podrían haber utilizado la fuerza que les otorgaba ser mayoría para imponerse a Marta, pero renunciaron a los beneficios de esa imposición... por la democracia.


9. Respeto por los demás.

Si uno no respeta a otras personas, malamente les va a conceder voluntariamente el poder para que esas personas gobiernen el conjunto de la comunidad, malamente se va a sacrificar por ellos cumpliendo adecuadamente con sus obligaciones.
Si Luís y Juan no respetasen a Marta, no renunciarían al poder que les otorga su superioridad numérica para que ella tuviera su cuota de participación en el “gobierno” de su piso compartido. Si no se respetasen entre los tres, no limpiarían bien el piso, no respetarían las necesidades de estudio de los demás, etc. La convivencia se vendría abajo.

Esto también es de Perogrullo, pero también tan importante que de nuevo no podemos omitirlo: sin respeto por las demás personas que componen la comunidad, el municipio, la nación… no habrá voluntad de sacrificarse ni de repartir el poder y, por tanto, no puede haber democracia.


10. Capacidad para gobernar.

Una vez más, de Perogrullo. No puede existir democracia si el pueblo no está preparado intelectualmente para gobernar. Para gobernar hacen falta unos conocimientos mínimos y una mínima capacidad de razonar y de analizar la realidad, para poder tomar las decisiones con un grado suficiente de acierto.
Es por ello por lo que los menores de edad están excluidos de la toma de decisiones.

En nuestro relato, Luís, Juan y Marta deben saber hacer una limpieza aceptable del hogar, tal vez cocinar, identificar los productos básicos de la compra común, conocer el lugar donde depositar la basura, incluso cambiar bombillas o entender la burocracia para mantener el alquiler del piso. No son grandes conocimientos, no hace falta ser genios o expertos en todo, pero sí alcanzar un mínimo para evitar que alguno no cumpla adecuadamente con sus obligaciones.
Si, por ejemplo, la falta de práctica limpiando la casa de uno de ellos deja un exceso de suciedad al siguiente, le está produciendo una sobrecarga de trabajo que, con el tiempo, traerá problemas. Este factor involuntario puede estar causando las mismas consecuencias que tendría, por ejemplo, la dejación voluntaria en la ejecución de la misma tarea. Si Juan deja siempre la casa sucia cuando le toca limpiar, si esa situación no cambia, al final va a dar igual si lo hace deliberadamente o por ignorancia; el daño va a ser el mismo.

Los problemas causados por ignorancia o falta de capacidad, pueden ser exactamente los mismos que  los causados por actuar por mala fe, y por ello, tendrán los mismos efectos: se deteriorará igualmente la convivencia y el funcionamiento democrático, tanto en un caso como en otro.


11. Educación para la democracia.

La democracia exige hacer sacrificios por los demás. Pero sacrificarse por los demás no es connatural en el ser humano. Requiere un grado de altruismo que los humanos, en general, reservamos, de mayor a menor medida, para nuestra familia, amigos, camaradas, correligionarios, colegas…
Pero este altruismo no es extensivo a toda la sociedad.

Por ello, la democracia requiere superar nuestra propia naturaleza, al exigirnos, al menos en parte, considerar a la totalidad de nuestros conciudadanos como si fueran de nuestra propia familia.
Y para conseguir eso, hace falta una educación que corrija nuestro bagaje instintivo: una educación en el respeto a los demás seres humanos (a todos), una educación para la democracia.

Si educación, no habrá respeto; sin respeto, no hay voluntad; y sin voluntad, no hay democracia.

Asimismo, para dotar a los individuos de capacidad y conocimientos suficientes para poder tomar decisiones acertadas, es necesaria una educación de calidad.

Es imposible la democracia si los ciudadanos no han sido educados previamente para ella.

 

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